Un equipo emite tramas de doce bytes con cabecera, contador y CRC. La red las parte y las pega, como hace de verdad. Dos receptores consumen exactamente el mismo flujo: uno supone que cada lectura del socket trae una trama; el otro acumula en un búfer y extrae tramas completas. Cambia las probabilidades, o simula una descarga de las que hace un equipo al recuperar cobertura, y mira los contadores.
Lo que se ve al cabo de un minuto no es una curiosidad académica. El receptor ingenuo no da error, no cierra la conexión y no escribe nada en su registro: simplemente pierde. Meses después alguien encuentra huecos en un historial y ya no hay forma de reconstruir por qué.